Si voy a hacer las fotos de vuestra boda, está claro que primero me debéis conocer, así que aquí es donde toca contar un poco mi vida!

¿Quién soy? Mi nombre es Joan y vivo en un pueblecito cercano a Barcelona llamado Caldes de Montbui. Aunque la pregunta acertada vendría a ser más bien ¿qué soy? Porque al fin y al cabo lo que haces, es lo que te define. Lo que está claro es que hago fotos, y me apasiona lo que hago.

Un poco de historia…

Desde pequeñito me he considerado una persona muy observadora y siempre he tenido curiosidad por el mundo del cine y la fotografía.

He estudiado diseño gráfico y publicidad. ¿Mi asignatura favorita? ¿Fotografia, por supuesto! Aún recuerdo el olor de los químicos revelando fotografías en el cuarto oscuro.

A los 20 años compré mi primera cámara réflex. Tras empezar a trastear con ella me di cuenta del mundo que se abría ante mi y de la multitud de posibilidades que me ofrecía.

De manera autodidacta, aprendí los conceptos y técnicas básicas para tomar fotografías, y no perdía ninguna oportunidad de llevar mi cámara conmigo. Aunque para mí era un hobby, sabía que mi sueño era poder dedicarme a hacer fotos de manera profesional.

Me he movido en varios campos dentro de la fotografía, realizando varios cursos al respecto. Retrato, paisaje, arquitectura, interiorismo… Pero sobretodo siempre he sentido atracción por el fotoperiodismo y la fotografía callejera. El hecho de poder capturar instantes irrepetibles que duran segundos o incluso décimas de segundo me resulta fascinante!

Mis inicios

Os voy a contar un secreto. Mis inicios en el mundo de la fotografía de bodas son un tanto curiosos. Fue una de esas situaciones en las que el universo (o llámalo como quieras) te manda una señal.

Un caluroso día de agosto recibo una llamada. Una amiga me comenta que el fotógrafo que había contratado su hermana para su boda había sufrido un accidente y se encontraba en el hospital. ¡Lo peor de la situación era que la boda tenia lugar dentro de un par de días! Así que me armé de valor y sentí que debía pasar a la acción. ¿Os imagináis quién fue el fotógrafo de esa boda? Sí, lo habéis acertado, fui yo mismo.

Pero ser el fotógrafo de una boda es una tarea de gran responsabilidad. ¡Ese día era un saco de nervios, nada podía salir mal! Pero para mi sorpresa, todo fue increíblemente bien. Aunque sabía que para mí se trataba de una experiencia nueva, sentía que todo en ese día fluía de forma muy natural, ¡como si fuera mi boda número 100!

Los novios y los padres de los novios me dieron mil veces las gracias, estaban encantados con mi trabajo. No os imagináis lo feliz que era en ese momento. Ese momento en el que valoran tanto lo que haces. Para mí esa fue la recompensa más gratificante.

Así pues, de esta manera me encuentro en la actualidad inmerso en el mundo de la fotografía de bodas! Lo cual para mí, supone un modo de aplicar mi afición por el fotoperiodismo, retrato, e incluso interiorismo.

Pero lo mejor de todo es que me apasiona lo que hago.

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